(1) Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, (2) en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, (3) entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Salvos por Gracia

Efesios 2:1-7 Reina-Valera 1960

 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Antes de conocer a Cristo, estábamos muertos por el pecado, sin vida espiritual. Éramos como cadáveres vivientes, con un espíritu perdido y caído. Este estado de pecado nos tenía apartados de la presencia amorosa de Dios y unidos al mundo con todos sus deseos, esclavos de Satanás y naturalmente hijos de desobediencia, hasta que nos tropezamos con El y su luz iluminó nuestras tinieblas, su misericordia y su amor nos alcanzaron. No somos dignos de tanta bondad, pero a pesar nuestro, nos amó aun estando nosotros en pecado, nos rescató y juntamente con Él nos resucitó y nos dio vida. ¡Qué hermosa verdad¡ su gracia nos hizo hijos y herederos de su gloria, su amor eterno y su misericordia cambiaron nuestra condición. Ahora nuestro espíritu vive y puede deleitarse en la presencia santa de Dios.

No merecíamos el regalo de su amor, ahora somos libres de la ira y del pecado y su gracia es vida nueva. Ahora somos seres vivientes, regenerados por el poder del Espíritu, libres de culpa, santificados, justificados y sentados en los lugares celestiales con Cristo, quien nos vivifica por su poder.

Seamos agradecidos porque la salvación es un regalo y pidamos al Señor que vivamos de tal manera, perseverando en santidad y dando testimonio de nuestra conversión al mundo.

Bendiciones

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