SALMO 31-1-3

Declaración de confianza

Salmos 31: 1-3 Reina-Valera 1960

31 En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia.

Inclina a mí tu oído, líbrame pronto;
Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme.

Porque tú eres mi roca y mi castillo;
Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.

El título del Salmo es “declaración de confianza” una declaración es algo que se hace público, que se da a conocer a muchas personas, pero además implica que la persona que lo hace esté totalmente convencida de lo que dice o declara. Como cuando hay un juicio y se pide la declaración de los testigos o en la universidad cuando el estudiante da una declaración donde jura que ha ganado los cursos. Entonces vemos que declarar algo implica que sea 100% verdadero y real. 

En nuestro andar como cristianos hay una enemiga que puede llegar a destruirnos si no sabemos hacerle frente o si nos dejamos llevar por lo que puede provocar, y esta es mejor conocida como: la duda o peor aún muchas: “las dudas”

Pensamientos que llegan a nuestra mente como “eso jamás va a pasar” o “Y si no logro salir adelante”, “nadie va a creer en mí” “Y si me critican por la decisión que tomé” “Y si el resultado de exámen médico es negativo” “Y si Dios no contesta mi petición”… etc, etc.

 Las dudas que pueden surgir en nuestra cabeza son miles, y cada cabeza es un mundo por lo que son millones de pensamientos negativos los que pueden llegar a la vida de una persona, que pueden debilitar su fe y alejarle de su relación con Dios.

 Pero ante esto hay una salida, sin embargo requiere de gran valor, y es precisamente tomar la determinación de hacer una declaración de confianza no a nuestra inteligencia o posibilidades “realistas”, sino a Dios.

 La pregunta aquí es ¿En qué o quién has estado confiando? A veces confiamos en esa realidad o panorama, en un familiar que nos va a ayudar, en un doctor, en un trabajo, pero al final estas cosas no son eternas.

Así que citando las palabras de David, nuestra declaración de confianza debe ser en el único que jamás va a fallarnos, y aunque haya tristeza en nuestros ojos, aún cuando nuestra alma y cuerpo estén debilitados (Salmo 31:9b) podemos decir: “Yo en tí confío” (Salmo 31:14)

Por eso es que esta declaración de confianza es parte de un proceso de renuncia a esas dudas, y de restauración porque encontraremos nuevas fuerzas cerca de Dios, quien infundirá nuevas fuerzas a nuestros huesos y dará descanso a nuestro corazón. (Isaías 58:11)

“No sea yo confundido jamás” (Salmo 31:1b) es algo que debemos repetir, pero sobre todo CREER. Así que eso que has pedido por años y aún no hay respuesta: ¡retómalo y confía! Aquello que ha venido pasando en los últimos meses y ha dificultado el panorama: una decisión, un corazón roto, una pérdida, falta de trabajo, una enfermedad: ¡Entrégalo y confía!

Hagamos hoy nuestra declaración de confianza, pero sobre todo ¡actuémos! Tomemos un tiempo…mucho tiempo para orar, hacer y retomar estos votos de promesa a Dios, y tomará nuevo aliento nuestro corazón… y confío que tendremos respuesta pero sobre todo ¡PAZ!

Bendiciones.

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