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Agradecidos con Dios

Salmos 50:7-23 Reina-Valera 1960

Oye, pueblo mío, y hablaré;
Escucha, Israel, y testificaré contra ti:
Yo soy Dios, el Dios tuyo.

No te reprenderé por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí.

No tomaré de tu casa becerros,
Ni machos cabríos de tus apriscos.

10 Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.

11 Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.

12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud.

13 ¿He de comer yo carne de toros,
O de beber sangre de machos cabríos?

14 Sacrifica a Dios alabanza,
Y paga tus votos al Altísimo;

15 E invócame en el día de la angustia;
Te libraré, y tú me honrarás.

16 Pero al malo dijo Dios:
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes,
Y que tomar mi pacto en tu boca?

17 Pues tú aborreces la corrección,
Y echas a tu espalda mis palabras.

18 Si veías al ladrón, tú corrías con él,
Y con los adúlteros era tu parte.

19 Tu boca metías en mal,
Y tu lengua componía engaño.

20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano;
Contra el hijo de tu madre ponías infamia.

21 Estas cosas hiciste, y yo he callado;
Pensabas que de cierto sería yo como tú;
Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.

22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios,
No sea que os despedace, y no haya quien os libre.

23 El que sacrifica alabanza me honrará;
Y al que ordenare su camino,
Le mostraré la salvación de Dios.

Estamos a pocos meses de terminar un año más y quizá no hemos reflexionado sobre todas las bondades que Dios nos regaló a lo largo de este periodo.  El Señor se honra cuando somos agradecidos con Él.  Así como nos gusta que nos digan cosas bonitas, nos adulen, nos levanten el ánimo y sean agradecidos  con nosotros, Dios también espera que lo hagamos con quién es el dueño absoluto de todo lo que tenemos o poseemos.

A Dios hay que decirle con voz audible cuán grandes han sido sus proezas en nuestra vida.  Es el momento adecuado para hacer si es posible una lista de todos sus favores recibidos y empezar a alabarle por ello.  El solo hecho de que nos tenga con vida y nos permita terminar un año más, debe de ser motivo de agradecimiento.  Pero muy seguramente si miramos retrospectivamente, nos acordaremos de aquella sanidad que nos dio, del viaje que pudimos realizar, de la deuda que se canceló, del examen que se aprobó, del logro obtenido, y de la provisión diaria que nunca faltó.  Solo basta conque dispongamos el corazón y con la ayuda del Espíritu Santo empezar a recordar todos esos beneficios que nos llenaron de gozo. Ahora, es importante dentro del agradecimiento alabarle y darle toda la honra y gloria a Él.  

El Señor no quiere sacrificios y lo que menos le interesa son nuestras ofrendas y diezmos (aunque es nuestro deber hacerlo), porque: “Mía es la plata, y mío es el oro —afirma el Señor Todopoderoso—“ (Hageo 2:8). Mucho más importante que esto, es el corazón agradecido dispuesto a alabarle: “No necesito becerros de tu establo  ni machos cabríos de tus apriscos, 10 pues míos son los animales del bosque, y mío también el ganado de los cerros.  Conozco a las aves de las alturas; todas las bestias del campo son mías. Si yo tuviera hambre, no te lo diría, pues mío es el mundo, y todo lo que contiene” (vv. 10-12 en la lectura). Y continúa cuestionando: “¿Acaso me alimento con carne de toros, o con sangre de machos cabríos?” (v. 13), para llevarnos a la conclusión de: “¡Ofrece a Dios tu gratitud, cumple tus promesas al Altísimo!” (v. 14).  Una manera de demostrarle nuestra gratitud es cumplirle los votos que le hayamos hecho; recordemos que es mejor no prometer que prometer y no cumplir (Eclesiastés 5:5).

Bendiciones

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